sábado, 30 de septiembre de 2017

CINE & DVD: “CONVERSO”: Si el Espíritu Santo entra en tu casa, ¿es posible hacer una película sobre él?

Una película sobre un órgano de iglesia, la familia, la armonía y algo más difícil todavía: la fe. Conceptos más o menos básicos desde los que intentar explicar algo tan profundo como inefable: las hermanas del director se convierten de repente al catolicismo y el cineasta trata de aprehender qué hay detrás de ese mecanismo de transformación personal.

Desmontando con inteligencia el formato clásico del documental de entrevistas (no olvidemos el doble juego del título, Converso viene también del verbo conversar), el director se sienta en una silla que convierte en confesionario de los otros y en el suyo propio al lanzar preguntas ante un espejo que no es otro que el espejo de casa.

Film de familia con búsqueda personal y con un gran interrogante cinematográfico: Si el Espíritu Santo entra en nuestra casa, ¿es posible hacer una película sobre él? (Festival Internacional Punto de Vista)

Sinopsis

“Algunos instrumentos como las trompetas incitan al valor. Otros, como la flauta, a la dulzura. Y hay otros, como el órgano, que arrebatan el alma a lo celestial” (Santo Tomás de Aquino).

Toda mi familia se ha convertido a la fe católica.

La distancia con ellos se hacía cada día más grande, así que me propuse hacer una película para entender cómo el Espíritu Santo había entrado en sus vidas y, de alguna forma, también en la mía.

Una película de cariños, ausencias, vacíos y distancias.

La película según David Arratibel: director, hermano, hijo, cuñado

Converso: primera persona del presente del verbo conversar. Del presente porque yo, nosotros, no conversábamos. O al menos no lo hacíamos sobre el proceso de conversión y exaltación religiosa que estaba viviendo mi hermana mayor, María, y, después, toda mi familia.

Era un tema que nos llevaba irremediablemente al conflicto arrebatado. Con la única persona que, tangencialmente, sí que hablaba de religión era con mi cuñado, Raúl. Quizá el no compartir la misma sangre nos invitaba a imprimir una cierta cautela en nuestros diálogos, muchas veces cargados de sana ironía.

Este era el ambiente en mi familia cuando, después de terminar mi primera película, mi cuñado me sugirió hacer un documental sobre órganos de iglesia. El tema me resultó sugerente pero enseguida me di cuenta de que lo que realmente me interesaba era indagar en el proceso de conversión de toda mi familia, intentar entender cómo habían llegado a tener la certeza de que Dios existe.

No sabía cómo abordar la película y, en las primeras conversaciones con Raúl y María, se generó un ambiente extraño porque, de manera inconsciente, yo adopté el rol de un entrevistador distanciado y, visto ahora, diría que incluso de inquisidor. De repente, en medio de estas torpes entrevistas, mi hermana me dice “A mí esta película, aunque no se haga, ya me ha servido de mucho, porque de una puta vez hemos podido hablar tú y yo, porque no querías hablar de este tema, te enfadabas, te daba mal rollo”. Ahí llega mi revelación y la película me interroga: ¿por qué nunca has preguntado a tu hermana, a la que tanto quieres, sobre algo que ha sido tan importante para ella?

Nunca he tenido inquietudes o preguntas trascendentales. Nunca, ni de niño, he pensado demasiado en lo que nos espera, o no, después de la muerte. He practicado durante años la meditación Vendanta y cuando en los retiros o clases llegábamos a Brahman, Atman o a las lecturas del Bhagabad Gita, yo desconectaba. No creo que se trate de un rechazo al hecho religioso, más bien es un desinterés perezoso.

Entonces, si no era un rechazo al hecho de esa nueva vivencia religiosa de mi familia, ¿qué es lo que me violentaba? Haciendo la película he descubierto que, lo que de verdad me dolía, era quedarme fuera porque sabía que yo no iba a participar en esta “gracia” que tan intensamente les unía y, de alguna forma, eso me hacía un extraño en mi propia familia. Mi familia: ese refugio de amor animal y sin condiciones que tanto necesito.

Cuando terminas una película se la das al espectador para que la haga suya. Habrá quien solo vea en esta película un testimonio de fe. Para mí, ha sido una experiencia introspectiva y sanadora que ha conseguido, a través de la conversación, reencontrarme con mi familia, incluso con quienes murieron y no sé si me esperan en algún lugar para retomar las conversaciones que dejamos pendientes.


Textos e imágenes originales de: http://www.conversolapelicula.com/




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