domingo, 26 de febrero de 2017

EVANGELIO DOMINICAL: "Buscad el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura"

8º Domingo del Tiempo Ordinario
Ciclo A
Evangelio: Mateo 6, 24-34

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero.

»Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas? Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida?

»Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan. Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos. Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe? No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos? Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura. Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal».

Palabra del Señor.


“En Dios sólo descansa, ¡oh alma mía!; de él viene mi esperanza” (Sal 62, 6).

En un período de prueba había dicho Israel: “El Señor me ha abandonado, el Señor me ha olvidado” (Is 49, 14); pero por boca del profeta le responde el Señor: “¿Acaso olvida una madre a su niño de pecho?... Pues aunque ésas llegasen a olvidar, yo no te olvido” (ib 15). Es un absurdo que Dios abandone a la criatura que ha llamado a la vida en un acto de amor. Sin embargo, cuando las pruebas se agolpan, los hombres son fáciles en dudar del amor de Dios y de su asistencia paternal. Jesús revelador de Dios-Padre, trató muchas veces este tema: “No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué vestiréis” (Mt 6, 25).

El hombre está lleno de afanes y angustias porque cuenta demasiado con sus propios recursos, porque se fía más de las iniciativas propias que de las de la providencia, porque cree más en los medios humanos que en el auxilio de Dios. Y así se engolfa en los negocios y va tras la ganancia del dinero de modo que no le queda ni tiempo ni capacidad para atender a Dios. Jesús introduce el discurso sobre la confianza en la providencia diciendo: “Nadie puede servir a dos señores” (ib 24). El dinero es un pésimo amo que tiraniza al hombre quitándole la libertad de servir y amar a Dios y a los hermanos. Dios, en cambio, único y supremo Señor, es tan bueno que, cuando el hombre se pone a su servicio y se abandona con confianza en sus manos, lo libra de los afanes de la vida y, dándole seguridad en su providencia, le hace generoso con los demás. “Pues si la hierba del campo, que hoy es y mañana va a ser echada al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe” (ib 30).

En realidad es la poquedad de la fe la que torna al hombre tan inseguro de Dios y tan preocupado de sí. Jesús tiene esta conducta como digna de paganos: “Por todas esas cosas se afanan los gentiles” (ib 32). Es como decir: el que tiene fe no puede portarse como si no existiese la providencia. Es fácil aun para el cristiano dejarse apoderar de esta mentalidad puramente terrena, no ver más allá de los horizontes materiales y creer sólo en lo que se tiene a mano. Hay que “convertirse” y formarse una mentalidad evangélica. No para dispensarse del esfuerzo y de los deberes del propio estado, sino para, atendiendo a ellos con empeño, no descuidar la “única cosa necesaria” (Lc 10, 41) y creer que adonde el hombre no llega, llega la providencia del Padre celestial. “Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura” (Mt 6, 33).


“Señor, Dios mío, ¡qué grande eres!... Del fruto de tu cielo hartas la tierra; la hierba haces brotar para el ganado, y las plantas para el uso del hombre, para que lustre su rostro con aceite y el pan conforte el corazón del hombre. Se empapan bien los árboles del Señor, los cedros del Líbano que él planto; allí ponen los pájaros sus nidos…

¡Cuán numerosas tus obras, oh Señor! Todas las has hecho con sabiduría, de tus criaturas está llena la tierra. Ahí está el mar, grande y de amplios brazos, y en él el hervidero innumerable de animales grandes y pequeños… Todos ellos de ti están esperando que les des a su tiempo su alimento; tú se lo das y ellos lo toman, abres tu mano y se sacian de bienes. Escondes tu rostro y se anonadan, les retiras su soplo y espiran y a su polvo retornan. Envías tu soplo y son creados, y renuevas la faz de la tierra” (Salmo 104, 1. 13-17. 24-30).

¡Oh Señor, Dios mío! ¡Oh Señor, Dios nuestro! Haznos felices de ti, para que vayamos a ti. No queremos la felicidad del oro, ni de la plata, ni de las haciendas; no queremos la felicidad de estas cosas terrenas, vanísimas, fugaces, propias de esta vida caduca. Que nuestra boca no hable vanidad. Haznos dichosos de ti, porque a ti no te perderemos. Cuando te tuviéramos a ti, ni te perderemos a ti, ni nos perderemos a nosotros. Haznos bienaventurados de ti, porque… dichoso el pueblo cuyo Señor es su Dios” (San Agustín, Sermón, 113, 6).


Esta reflexión dominical es parte de “Intimidad Divina”, que es un libro de meditaciones sobre la vida interior para todos los días del año, todo un clásico, cuyo autor es el P. Gabriel de Santa María Magdalena, carmelita descalzo, (1893-1953), uno de los grandes maestros espirituales del siglo XX. Estas meditaciones que presento cada domingo, sean un sentido homenaje y el sincero empeño de darlo a conocer a las nuevas generaciones de cristianos.

EVANGELIO DOMINICAL (audios): 8º Domingo Tiempo Ordinario - Ciclo A


“No os agobiéis por el mañana” (Mt. 6, 24-34)



sábado, 25 de febrero de 2017

CINE & DVD: Hoy en el Auditorio de la Saleta: LUZ DE SOLEDAD




Fe y misericordia, ejes de la Semana de Cine Espiritual de este año




Como cada año, la Delegación diocesana de Medios de Comunicación organiza la Semana de Cine Espiritual, que en esta ocasión incluirá en su programa cinco películas que nos harán reflexionar acerca de temas como la fe o la misericordia.

La Semana de Cine Espiritual se celebrará del 23 de febrero al 4 de marzo, con proyecciones en cinco localidades de nuestra Diócesis.

El programa de este año incluye desde grandes producciones de Hollywood, como ‘Hasta el último hombre’, la última película dirigida por el afamado Mel Gibson, o ‘Resucitado’, protagonizado por el conocido Joseph Fiennes, hasta producciones independientes, como ‘Los milagros del cielo’.

También habrá lugar para el cine europeo, con una película como la italiana ‘Si Dios quiere’, y para el producto nacional, con ‘Luz de Soledad’, producida por Goya Producciones, que está haciendo un gran esfuerzo por poner en marcha proyectos con un marcado carácter católico.

Las entradas se podrán conseguir aportando un donativo de al menos tres euros. Como es costumbre, los beneficios que se obtengan en esta Semana de Cine Espiritual irán destinados a apoyar un proyecto social en nuestra Diócesis.

Este año, servirán para impulsar la labor del comedor social San Juan de Dios, de Ciempozuelos.

Programación

- 23 de febrero (20.00 horas): ‘Los milagros del cielo’. C. Comercial Plaza Éboli (Av. Pablo Picasso, s/n. Pinto).

- 24 de febrero (20.00 horas): ‘Si Dios quiere’. Colegio Divina Pastora (Pº Pablo Iglesias, 5. Getafe).

- 25 de febrero (20.00 horas): ‘Luz de Soledad’. Parroquia Nuestra Señora de La Saleta (Pl. Brasil, 0. Alcorcón).

- 26 de febrero (16.00 horas): ‘Resucitado’. El Restón (Av. Mar Mediterráneo, 3. Valdemoro).

- 3 de marzo (20.00 horas): ‘Luz de Soledad’. Auditorio Benito Menni (c/Jardines, 1. Ciempozuelos).

- 4 de marzo (11.00 horas): ‘Hasta el último hombre’. Centro Comercial El Restón (Av. Mar Mediterráneo, 3. Valdemoro).


jueves, 23 de febrero de 2017

CATEQUESIS DEL PAPA: “Esperanza: es leer el presente con los ojos de Cristo Resucitado”




Catequesis del papa Francisco en la Audiencia General del miércoles 22 de febrero de 2017


Catequesis sobre la Virtud de la Esperanza




Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Muchas veces estamos tentados en pensar que la creación sea nuestra propiedad, una posesión que podemos explotar a nuestro agrado y del cual no debemos dar cuenta a nadie. En el pasaje de la Carta a los Romanos (8,19-27) del cual hemos apenas escuchado una parte, el Apóstol Pablo nos recuerda en cambio que la creación es un don maravilloso que Dios ha puesto en nuestras manos, para que podamos entrar en relación con Él y podamos reconocer la huella de su designio de amor, a cuya realización estamos llamados todos a colaborar, día a día.

Pero cuando se deja llevar por el egoísmo, el ser humano termina por destruir incluso las cosas más bellas que le han sido confiadas. Y así ha sucedido también con la creación. Pensemos en el agua. El agua es una cosa bellísima y muy importante; el agua nos da la vida, nos ayuda en todo. Pero al explotar los minerales se contamina el agua, se ensucia la creación y se destruye la creación. Este es sólo un ejemplo. Existen otros. Con la experiencia trágica del pecado, rota la comunión con Dios, hemos infringido la originaria comunión con todo aquello que nos rodea y hemos terminado por corromper la creación, haciéndola así esclava, sometida a nuestra caducidad. Y lamentablemente la consecuencia de todo esto está dramáticamente ante nuestros ojos, cada día. Cuando rompe la comunión con Dios, el hombre pierde su propia belleza originaria y termina por desfigurar alrededor de sí cada cosa; y donde todo antes hablaba del Padre Creador y de su amor infinito, ahora lleva el signo triste y desolado del orgullo y de la voracidad humana. El orgullo humano explotando la creación, destruye.

Pero el Señor no nos deja solos y también ante este escenario desolador nos ofrece una perspectiva nueva de liberación, de salvación universal. Es aquello lo que Pablo pone en evidencia con alegría, invitándonos a poner atención a los gemidos de la entera creación. Los gemidos de la entera creación… Expresión fuerte. Si ponemos atención, de hecho, alrededor nuestro todo clama: clama la misma creación, clamamos nosotros los seres humanos y clama el Espíritu dentro de nosotros, en nuestro corazón.

Ahora, estos clamores no son un lamento estéril, desconsolado, sino – como precisa el Apóstol – son los gemidos de una parturiente; son los gemidos de quien sufre, pero sabe que está por venir a la luz una nueva vida. Y en nuestro caso es de verdad así. Nosotros estamos todavía luchando con las consecuencias de nuestro pecado y todo, alrededor nuestro, lleva todavía el signo de nuestras debilidades, de nuestras faltas, de nuestras cerrazones. Pero, al mismo tiempo, sabemos de haber sido salvados por el Señor y ya se nos es dado contemplar y pregustar en nosotros y en lo que nos rodea los signos de la Resurrección, de la Pascua, que opera una nueva creación.

Este es el contenido de nuestra esperanza. El cristiano no vive fuera del mundo, sabe reconocer en la propia vida y en lo que lo circunda los signos del mal, del egoísmo y del pecado. Es solidario con quien sufre, con quien llora, con quien es marginado, con quien se siente desesperado… Pero, al mismo tiempo, el cristiano ha aprendido a leer todo esto con los ojos de la Pascua, con los ojos del Cristo Resucitado. Y entonces sabe que estamos viviendo el tiempo de la espera, el tiempo de un deseo que va más allá del presente, el tiempo del cumplimiento. En la esperanza sabemos que el Señor quiere sanar definitivamente con su misericordia los corazones heridos y humillados y todo los que el hombre ha deformado en su impiedad, y que de este modo Él regenerará un mundo nuevo y una humanidad nueva, finalmente reconciliada en su amor.

Cuantas veces nosotros cristianos estamos tentados por la desilusión, por el pesimismo… A veces nos dejamos llevar por el lamento inútil, o quizás nos quedamos sin palabras y no sabemos ni siquiera que cosa pedir, que cosa esperar… Pero todavía una vez más viene en nuestra ayuda el Espíritu Santo, respiro de nuestra esperanza, el cual mantiene vivo el clamor y la espera de nuestro corazón. El Espíritu ve por nosotros más allá de las apariencias negativas del presente y nos revela ya ahora los cielos nuevos y la tierra nueva que el Señor está preparando para la humanidad. Gracias.

martes, 21 de febrero de 2017

CINE & DVD: “Lo que de verdad importa”, destina sus beneficios en taquilla a la lucha contra el cáncer infantil


UNA PELÍCULA 100% BENÉFICA QUE TE ROBARÁ EL CORAZÓN


La vida de Alec (Oliver Jackson Cohen) en Inglaterra se está viniendo abajo. Su tienda de reparaciones eléctricas, “El Curandero”, está a punto de cerrar. Debe dinero a la gente equivocada, se acuesta con una mujer casada y bebe como si no hubiera un mañana.

Inesperadamente, un hombre llamado Raymond (Jonathan Pryce) aparece, diciendo ser su tío. Raymond llega con una misteriosa propuesta que permitiría a Alec hacer “borrón y cuenta nueva”: él pagará todas sus deudas y, a cambio, Alex se mudará a Nueva Escocia durante un año.

Alec llega a Lunenburg, un pequeño pueblo donde Raymond tiene una casa. Allí conoce a Cecilia (Camilla Luddington), la veterinaria del pueblo, quien, para ayudarle a encontrar trabajo, le propone publicar un anuncio en el periódico local ofreciendo sus servicios como electricista. Para hacer el anuncio más atractivo, Alec escribe “El Curandero: arreglo cualquier cosa eléctrica estropeada”, pero algo sale mal en la impresión y el anuncio finalmente da a entender que Alec es una especie de sanador milagroso.

Al ver el anuncio, la gente del pueblo acude en manada a contratar sus servicios, aunque Alec les rechaza explicándoles el error. Pero entonces sucede algo tan extraordinario como inexplicable: ¡todos aquellos que han ido a ver a Alec se han curado de sus dolencias! El rumor se extiende: Alec, claramente, sana.

Cuanto más se esfuerza el chico en negar sus poderes curativos, más cosas extrañas ocurren a su alrededor: los perros sienten una fascinación absoluta por su persona; el Padre Malloy (Jorge García), párroco del pueblo, muere de un ataque al corazón y resucita poco después; y un anciano sordo le dice a su mujer que deje de gritarle.

Alec, en estado de shock, descubre un secreto familiar: tiene un don. El don de curar.

Alec debe ahora elegir: aceptar o rechazar su don.

La llegada de Abigail (Kaitlyn Bernard), una adolescente con cáncer terminal, tremendamente madura e inteligente, le dará a Alec una última oportunidad para reconsiderar el sentido de su vida.

100% BENÉFICA, 100% POSITIVA

Rodada en la provincia canadiense de Nueva Escocia, “un paisaje increíblemente bello”, la nueva película de Paco Arango es, como ya lo fue Maktub, una celebración de la vida. Una mezcla de comedia, drama y realismo mágico que, además de entretener, hará sonreír y soñar a la gente.

Pero Lo Que De Verdad Importa es, además, la primera película 100% benéfica: la película está dedicada a Paul Newman y a sus campamentos especiales para niños con enfermedades graves "Serious Fun Children’s Network” (https://www.seriousfunnetwork.org) por lo que Aladina asignará lo todo lo recaudado a esta causa: la de llevar el espíritu, la fuerza y las risas de estos increíbles campamentos a tantos niños como sea posible. En 2007, Paul Newman invitó a Paco a formar parte del consejo de Serious Fun, cargo que sigue ocupando en la actualidad.

Porque el cáncer nunca va a ejercer su dominio en la risa de un niño enfermo. Porque sí es posible mejorar la vida de quienes nos rodean. Con una sonrisa. Con un guiño. Con un achuchón. Porque siempre se puede hacer más. Porque la magia existe y los milagros también. Y eso es… Lo que de verdad importa.

CARTA DE PACO ARANGO (Director del film)

PACO ARANGO (Guionista, productor y director del film)
Hace 15 años, mi vida cambió al comenzar a hacer voluntariado con niños con cáncer. Poco después de empezar decidí ir un poco más allá y, en 2005, creé la Fundación Aladina, que hoy en día cuida y ayuda a miles de niños enfermos y familias cada año.

En 2011 estrené mi primera película Maktub, con Warner Bros., cuya recaudación se destinó a esta fundación. Con ella se hizo realidad el “Centro Maktub” en el Hospital Infantil Niño Jesús de Madrid: un centro pionero de trasplantes de medula ósea en el que, en poco más de 2 años, se han realizado ¡171 trasplantes!

Siempre he pensado que con una buena película se puede hacer mucho bien y Maktub fue un gran ejemplo de ello. Por eso decidí repetir la experiencia y me embarqué en un segundo proyecto para ayudar a los campamentos de verano para niños seriamente enfermos que fundó Paul Newman, un gran actor con un enorme corazón al que tuve la fortuna de conocer.

Cada verano, la Fundación Aladina envía a estos campamentos a más de 100 niños españoles enfermos de cáncer, sin gasto alguno para las familias. Los médicos a menudo mencionan que esta experiencia puede ser casi tan importante en su proceso de recuperación como la quimioterapia.

Por ello, este año se estrenará mi segunda película cuyo título en inglés es THE HEALER, la historia de un hombre que desconoce que tiene el don de curar y al que una adolescente enferma le enseña el camino. Una película para toda la familia con un mensaje positivo y esperanzador.

Lo Que De Verdad Importa será la primera película cuyos beneficios serán 100% benéficos en su estreno nacional, así como en sus estrenos internacionales. El dinero se destinará a que muchos más niños enfermos puedan disfrutar de estos campamentos. A mi entender, las coincidencias de la vida son mucho más que simples coincidencias.

Este año entablé una estrecha relación con una maravillosa fundación, “Lo Que De Verdad Importa”. Me escogieron como ponente en uno de los muchos congresos gratuitos que organizan para gente joven: charlas llenas de inspiración y que te ayudan a saber lo que es verdaderamente importante en la vida. Siembran ilusión en los corazones. Lo mismo que pretendo yo con el cine que hago.

Ambas fundaciones, Aladina y Lo Que De Verdad Importa, celebran este año, por coincidencia, su décimo aniversario. Por ello, decidimos que, juntos, haríamos algo extraordinario en España. Y lo haremos con esta película. En los próximos meses organizaremos presentaciones en ocho ciudades españolas y un gran preestreno en Madrid el 15 de febrero, coincidiendo con el Día Mundial contra el Cáncer Infantil y, a partir del próximo 17 de febrero, todo el que quiera podrá verla en salas sabiendo que el total de los beneficios se destinarán a una gran causa.

Para reflejar todo esto, no podíamos haber encontrado un título mejor para la película en España: LO QUE DE VERDAD IMPORTA.
Con cariño,
Paco Arango

Textos e imágenes originales de: http://www.loquedeverdadimporta.film/ 



domingo, 19 de febrero de 2017

EVANGELIO DOMINICAL: Descubrir al Dios del amor, el perdón y la libertad


7º Domingo del Tiempo Ordinario
Ciclo A
Evangelio: Mateo 5, 38-48

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: ‘Ojo por ojo y diente por diente’. Pues yo os digo: no resistáis al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra: al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto; y al que te obligue a andar una milla vete con él dos. A quien te pida da, y al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda.

»Habéis oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo’. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial».

Palabra del Señor.


«Señor, tú eres clemente y compasivo, tardo a la cólera y lleno de amor» (SI 103, 8).

La ley de Moisés decía: «No odies en tu corazón a hermano... No te vengarás ni guardarás rencor contra los hijos de tu pueblo. Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Lv 19, 17-18). Trozo bellísimo, verdadera perla del Antiguo Testamento, en el que está contenido ya el espíritu del Nuevo. Sin embargo, sea la formulación de la ley, sea la tendencia a interpretarla en sentido restringido, hicieron que en la práctica el amor al prójimo se reservase a solos los connacionales.

Jesús rompió las barreras y dio al precepto de la caridad fraterna dimensiones universales. «Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persiguen» (Mt 5, 43-44). En realidad en ningún paso de la Biblia se prescribía el odio a los enemigos, el cual era más bien el resultado práctico de una deformación de la ley convertida en norma de vida. Jesús se encara con ella y la condena en pleno, pues, habiendo venido a perfeccionar la ley, lo hace de modo especial en relación con la caridad, que el hombre por su egoísmo tanto lesiona y quebranta, Los términos usados por Cristo son tan claros que no admiten interpretaciones arbitrarias; el cristiano ha de amar a amigos y enemigos sin excepción. El motivo es único: unos y otros son hijos de Dios, y por eso todos los hombres son hermanos, todos son prójimo.

A esta luz no tienen razón de ser las distinciones entre pueblo y pueblo, entre raza y raza; y no la tienen tampoco las que se fundan sobre el amor o el odio, el bien o el mal, los beneficios o los daños y ofensas recibidos. Por ningún motivo es lícito odiar al hermano, que es hijo del mismo Padre y objeto del mismo amor paterno. De la aceptación o rechazo de este deber depende el que cada uno sea reconocido o no por Dios como hijo. «Amad..., para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos» (ib 44-45). Como el hijo refleja la fisonomía del padre, así el cristiano en sus relaciones con los semejantes ha de reflejar el amor de Dios a todos los hombres.

El mundo tiene por necedad pagar el odio con amor, el mal con bien, las ofensas con perdón; pero S. Pablo advierte que para seguir a Cristo es preciso hacerse necio, «porque la sabiduría de este mundo es necedad a los ojos de Dios» (1 Cr 3, 19). Los cristianos no se preocupan del mundo, porque son «de Cristo y Cristo es de Dios» (ib 23); y siendo de Cristo siguen sólo su doctrina, y con él y en él quieren pertenecer a Dios, emulando su perfección infinita y su amor sin límites.


Nada en la naturaleza se asemeja más a ti, dulcísimo Jesús, que el que se muestra clemente con sus enemigos malévolos y dañinos; porque el que ama a su enemigo, te imita a ti, que nos amaste cuando éramos aún enemigos tuyos; y no sólo nos amaste, sino que quisiste hasta morir por nosotros con muerte ignominiosa, y rogaste por los que te crucificaban.

Tú nos mandaste amar a nuestros enemigos, diciendo: «Amad a vuestros enemigos, y haced el bien a los que os odian». Y nos prometes la recompensa: «Para que seáis hijos de Vuestro Padre que está en los cielos».

¡Oh Señor Jesucristo, que por naturaleza estás siempre dispuesto a la piedad y al perdón!, una sola es la prueba suprema de la verdadera caridad: amar a quien nos es contrario e impide nuestras buenas obras... Quiero confesarte con el corazón y con la boca que he vivido impíamente y que me he privado, por mi malicia y perversidad, de la caridad verdadera. Y entre los pensamientos y acciones que malamente, Señor, concebí y realicé, está que odié a mis enemigos. Tuve resentimiento Con muchos, y di libre curso en mi corazón y en mi voluntad a estos sentimientos...

Ayúdame, piadosísimo Señor Jesucristo, y por tu bendito y misericordioso amor, concédeme el perdón, para que enmiende mi vida miserable y te amé a ti y ame a los demás por amor tuyo, de modo que ese amor nunca desfallezca, sino que se perpetúe en la vida eterna. (R. Jordán, Contemplaciones sobre el amor divino, 32).


Esta reflexión dominical es parte de “Intimidad Divina”, que es un libro de meditaciones sobre la vida interior para todos los días del año, todo un clásico, cuyo autor es el P. Gabriel de Santa María Magdalena, carmelita descalzo, (1893-1953), uno de los grandes maestros espirituales del siglo XX. Estas meditaciones que presento cada domingo, sean un sentido homenaje y el sincero empeño de darlo a conocer a las nuevas generaciones de cristianos.


EVANGELIO DOMINICAL (audios): 7º Domingo Tiempo Ordinario - Ciclo A


“El amor a los enemigos” (Mt. 5, 38-48) 




sábado, 18 de febrero de 2017

VIVENCIAS PERSONALES: Saludo a la Renovación Carismática de San Luis en sus Bodas de Oro

Queridos amigos y hermanos: la Renovación Carismática Católica está celebrando en el mundo entero sus Bodas de Oro y lo está haciendo en todas las diócesis donde está presente como preparación para el Gran Jubileo de las Bodas de Oro que celebrará en Roma junto al Santo Padre Francisco.

La Diócesis de San Luis, en Argentina, lo celebra hoy 18 de Febrero en la Villa de la Quebrada, iluminados por el lema: “Celebremos unidos, las maravillas que el Espíritu Santo hizo a lo largo de estos 50 años… con los que estamos… los que estuvieron… los que nos formaron…los que deseen…los que Dios llame y escuchen su llamado…"

Habrá distintas actividades: Oración, alabanza, canto, testimonios y saludos de nuestra historia, compartir, stands y misa de acción de gracias.

Como yo he sido parte de esa historia, ya que es la diócesis donde me formé y ordené sacerdote y transcurrí mis primeros años de ministerio, y en esos años los tuve en mi parroquia y los acompañé como Asesor Diocesano, me han invitado a enviarles un saludo en vídeo y es ahora el que comparto a todos los que quieran verlo.

Agradezco que se hayan acordado de mí, rezo siempre por ellos y me encomiendo a sus oraciones, pidiendo para ellos y el mundo entero los dones y los frutos del Espíritu Santo, el Espíritu de Jesucristo.

Con mi bendición.
Padre José Medina.



jueves, 16 de febrero de 2017

CATEQUESIS DEL PAPA: “La esperanza no defrauda porque está fundada en el amor que Dios nos tiene”




Catequesis del papa Francisco en la Audiencia General del miércoles 15 de febrero de 2017



Catequesis sobre la Virtud de la Esperanza



“Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! desde pequeños nos enseñan que no está bien jactarse. En mi país a quienes se enorgullecen les llamamos ‘pavos’. Y es justo que sea así porque, además de algo de soberbia, también delata una falta de respeto hacia los demás, sobre todo de los que son menos afortunados”.

En este paso de la Carta a los Romanos, entretanto el apóstol Pablo nos sorprende, porque en dos oportunidades nos invita a gloriarse. Entonces, ¿de que es justo gloriarse? ¿Y cómo se puede hacer sin ofender, sin excluir a nadie, sin excluir a nadie?

En el primer caso estamos invitados a gloriarnos en la abundancia de la gracia de la cual somos penetrados en Jesucristo, por medio de la fe.

Pablo quiere hacernos entender que si aprendemos a leer cada cosa con la luz del Espíritu Santo, nos daremos cuenta de que todo es gracia, todo es don.
Si prestamos atención, de hecho, tanto en la historia como en nuestras vidas, no actuamos solamente nosotros, sino sobre todo Dios. Él es el protagonista absoluto que crea cada cosa como un don de amor, que teje la trama de su designo de salvación y lo lleva a cumplimiento por nosotros mediante su hijo Jesús.

A nosotros se nos pide que nos demos cuenta de todo ello, que lo aceptemos con gratitud y lo convirtamos en motivo de alabanza, de bendición y alegría. Si lo hacemos, estamos en paz con Dios y experimentamos la libertad. Y esa paz se extiende después a todas las áreas y todas las relaciones de nuestras vidas: estamos en paz con nosotros mismos, estamos en paz con la familia, en nuestra comunidad, en el trabajo y con las personas que encontramos todos los días en nuestro camino.

Pero Pablo insta a gloriarse también en las tribulaciones. Esto no es fácil de entender. Esto nos resulta más difícil y puede parecer que no tenga relación alguna con la condición apenas descrita. En cambio, es el presupuesto más auténtico, más verdadero.

De hecho la paz que el Señor nos brinda y nos garantiza no significa ausencia de preocupaciones, decepciones, faltas, o motivos de sufrimientos.

De ser así, en el caso de que consiguiéramos estar en paz, ese momento terminaría pronto y caeríamos inevitablemente en el desconsuelo. La paz que viene de la fe es un regalo: es la gracia de experimentar que Dios nos ama y que está siempre a nuestro lado, que no nos deja solos ni siquiera un momento en nuestra vida.

Y esto, como dice el Apóstol, genera paciencia, porque sabemos que incluso en los momentos más duros y turbulentos, la misericordia y la bondad del Señor son más grandes que cualquier otra cosa y nada nos arrancará de las manos y de la comunión con Él. Este es el motivo por el cual la esperanza cristiana es sólida, por eso no defrauda. No se basa en lo que hagamos o seamos, ni tampoco en lo que creamos.

Su fundamento, es decir el fundamento de la esperanza cristiana, es lo más fiel y seguro que hay: el amor que Dios nutre por cada uno de nosotros. Es fácil decir: Dios nos ama; todos lo decimos. Pero piensen un poco: ¿Cada uno de nosotros es capaz de decir: Estoy seguro de que Dios me ama? No es tan fácil decirlo, pero es la verdad. Es un buen ejercicio éste de decirse a uno mismo: Dios me ama. Esta es la raíz de nuestra seguridad, la raíz de la esperanza.

Y el Señor ha derramado en nuestro corazón el Espíritu, que es el amor de Dios, para que como artífice y garante, pueda alimentar en nosotros la fe y mantenga viva esa esperanza y esa seguridad: Dios me ama.

— ¿Pero en este momento horrible? Dios me ama.

— ¿A mí que he hecho esto y aquello? Dios me ama.

Esa seguridad no nos la quita nadie. Y tenemos que repetirlo como una oración: Dios me ama. Estoy seguro de que Dios me ama. Estoy segura de que Dios me ama”.

Ahora entendemos por qué el apóstol Pablo nos exhorta a gloriarnos siempre de todo esto. “Yo me glorio del amor de Dios, porque me ama. La esperanza que se nos ha dado no nos separa de los demás, ni mucho menos nos lleva a desacreditarlos o a marginarlos. Se trata, en cambio, de un don extraordinario del que estamos llamados a ser ‘canales’, con humildad y sencillez, para todos.

Por lo tanto nuestro mayor orgullo es tener a Dios como un Padre que no tiene favoritos, que no excluye a nadie, sino que abre su casa a todos los seres humanos, empezando por los últimos y, los alejados, para que, como hijos suyos aprendamos a consolarnos y a apoyarnos los unos a los otros. Y no se olviden: la esperanza no defrauda”.